APOLOGIA DE LA ENVIDIA

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Un momento de gran liberación en mi vida, un paso fundamental hacia mi personal bienestar, ha sido la aceptación sin juicio de “lo que pasa” en mi.
Luis Hay1, en todas las oraciones que invita a repetir, siempre sugiere que «en la infinidad de la vida donde me encuentro, todo es perfecto, pleno y completo». Añade el sabio zen de un articulo de Jorge Bucay2: «Míralos. ¡Que sabios son los copos de nieve! Cada uno cae exactamente en su lugar».

Esta aceptación de lo humano, es siempre necesario aplicarla, también cuando se habla de la envidia, un sentimiento tan despreciado y sin embargo tan común hoy en día.

Envidiosa, envidioso ¡liberate de la condena a que Wikipedia te ha destinado en su definición3: “la envidia nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura!”. No solo no eres malo, sino que te encuentras en muy buena compañía últimamente.

Es que vivimos un momento muy peculiar de la historia humana. Los recursos materiales, informativos, humanos están al alcance de muchos. Eso significa que podemos moldear nuestras vidas para hacer de ella el ideal que deseamos, y algunos de nosotros efectivamente lo han conseguido. Además los medios de información le dan mucha visibilidad a esos “seres afortunados” al punto que – como señala de nuevo Bucay – “parece más determinante la popularidad de una decisión que su conexión con la realización personal”. Parecen modelos posible (“si alguien ha podido…”) pero no se trata de casos reales: inevitablemente las historias de éxitos resultan de un montaje. Como en una película, faltan todos los momentos de fracaso, sufrimiento, arrepentimiento que se encuentran en cualquier existencia y que un photoshop biográfico ha cancelado.

Agrava todo esto la gran cantidad de material de auto-ayuda que nos recuerda que lo podemos todo, que es suficiente desear, que si te sintonizas con el Universo el bueno sin retraso va a llegar en tu vida. Aunque estoy profundamente convencido de esto, entiendo que pueda fácilmente llevar a un malentendido, sobre todo cuando se le suma lo anterior.

Al otro lado, hemos heredado de nuestros padres unos valores aparentemente en contrasto, valores que conforman también muchos entornos laborales. En el trabajo y en familia se requiere compromiso, esfuerzo, altruismo.

¿Como no hacer una consideración como la siguiente ?:
«el éxito lo puedo alcanza sin esfuerzo, quizás casándome con una heredera o más bien visualizando un cheque de un millón de euros en el buzón. Pero si no me pongo diligentemente en mi crecimiento personal, no trabajo muy duro, no estoy cada menudo a lado de mi familia, ¡todo el mundo dice que soy malo»!
Casi inevitable probar envidia para la gente que sale en el Hola.

¿Como superar esto? Creo que la llave está precisamente en enfocarse en la realización personal, en dar valor a lo que de verdad cuenta para cada uno.

Es más. Creo profundamente en una forma innata de sabiduría que albergamos todos nosotros los seres humanos. Me convenció muchísimo una teoría de Wayne Dyer4 según la cual un deseo esconde una posibilidad. Pero quien experimenta envidia vive en la convención de que lo que les pasa a los demás – o lo que los demás poseen – sea inalcanzable. Además, con lo condenada que está la envidia, el solo experimentarla genera sentido de culpabilidad.

Si supiera que es precisamente al revés… : envidias porque tienes la sensación que intensamente quieres y sabes que sí puedes, pero al mismo no te crees en esa posibilidad o incluso te obligas moralmente a no desear.
Mientras que es precisamente porque envidias que tienes la prueba que deseas y, como nos recuerda Dyer, entonces puedes.

La envidia no es ni mala ni buena. Es nada más que un sentimiento, una emoción generada por algo exterior y por lo tanto sirve a una cosa solamente: nos dice que la situación en que nos encontramos puede ser mejor y nos invita a hacer algo. Una emoción (para más informaciones, mira este otro articulo) dura un momento, es un mensaje que tiene que persistir el tiempo necesario para que te des cuenta de ello y tomes las decisiones consecuentes.
Sin embargo si se dilata demasiado se convierte en un estado patológico que nos lleva, evidentemente, malestar. La tristeza se convierte en depresión, el miedo en ansiedad, la rabia en constante tensión.

Desafortunadamente no tenemos dos términos para distinguir la envidia funcional de la su versión patológica. Pero esa efectivamente no es algo que merezca una defensa. La envidia que pasa y se va, esa no no tiene que ser condenada.

Volvemos a lo que hemos dicho al comienzo. Cada emoción, cada sentimiento tiene su razón y su utilidad. Todo lo humano es aceptable.
Te invito entonces a escuchar tu emoción y luego plantearte con voluntad si eso que estás deseando tiene una conexión con tu realización personal.

¿Dónde te llevas lo que sientes?

¿De verdad es bueno y necesario para ti lo que deseas? 

¿Si es así, que puedes hacer para conseguirlo?
Dentro de ti está la respuesta. Confía. Si te sorprendes envidiando, no te juzgues. Más bien abre un dialogo interior como este que me pasó a mi.

«Mira que chulo ese Aston Martin. Y que chulo el chico que lo lleva. Que envidia. Tendría que tener uno igual. Pero que ostentación poco sabia, encima con cien mil euros cuantas cosas mejor podría hacer para mi y para los demás en vez de contribuir a contaminar el Mundo.

«Oye – dijo mi corteza prefrontal al cerebro emocional – ¿estás envidiando el chico?

«Sí, pero…

«Pero ¿qué, quieres ser Buda? Solo eres humano, lo que resiste, persiste. Ve y mira cuanto cuesta este coche y piensas qué puedes hacer para comprarlo!»

¿Qué pasó después de este dialogo? Me dí cuenta de una cosa: que no quiero un Aston Martin ni un cualquier coache, pero para nada!

Divertida esa paradoja ¿verdad?
Hasta que no te autorices a hacer algo que calificas malo no lo soluciones.

__________________
1. Louise L. Hay, “Usted puede sanar su vida”, Ed. Urano.
2. Jorge Bucay, “Pecados y fortalezas” en Mente Sana, n.20.
3. http://es.wikipedia.org/wiki/Envidia
4. Wayne Dyer, “El poder de la intención”, Ed. Clave

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