LA FELICIDAD COMO FIN DEL COACHING – 2a PARTE

Ayer asistí a la conferencia de mi estimado colega y querido amigo José Manuel Sanchéz (aquí el canal youtube de su Centro de Estudios del Coaching). De todas sus palabras, una en particular quiero aquí resaltar. “No practicamos la meditación, para la meditación, sino para llevar la presencia a nuestra vida cotidiana”.
Me ha recordado una idea de Aristoteles. No perseguimos la democracia para la democracia, sino para la felicidad (en “Ética a Nicomaco”).

No habría que añadir mucho más para demostrar el asunto del articulo. Este anhelo es congenito, intrinseco a la naturaleza humana. Por eso siento la necesidad de herramientas para facilitar el coachee en esta dirección y para que el coach pueda estar para ella/él desde la misma perspectiva.

Personalmente comparto la visión eudaimonista de la realidad humana que atraviesa la filosofia desde las origines, en Occidente como en Oriente. La raíz misma del Budismo está en la eliminación de las causas de la infelicidad  («Todos deseamos la felicidad…» en “Desvelando los misterios de nacimiento y muerte” de Daisaku Ikeda).

Un objetivo del coaching podría por lo tanto ser lo de facilitar la sintonia del individuo con su propio anhelo de felicidad, condición para luego trascenderlo.

La cultura occidental y en particular la vision del cristianismo, ha determinado una creencia según la cual la felicidad es mala. Una enseñanza que viene de la división entre cuerpo y mente exasperada en el ‘cogito ergo sum’, que ha hecho del sufrimiento la via hacia la trascendencia.
Con la idea de paraíso, infierno y purgatorio, se compensa la carnalidad en descomposición a que van sujetos los pecadores con el éxtasis de la contemplación intelectual garantizada a los beatos. Estática, precisamente, como si la esencia misma de la felicidad estuviese fuera del dinamismo vital, es decir incompatible con la vida (se vea: “Historia religiosa del Occidente medieval” de José Ángel García de Cortázar).

También encontramos otro obstáculo. Confundir la felicidad con la alegría. Y de nuevo nos chocamos con una equivocación profundamente arraigada en nuestra cultura. La RAE define ‘felicidad‘ como satisfacción o suerte, mientras define la éxtasis como felicidad del alma.

Me gusta siempre volver a lo basico. El cuerpo es la fuente del placer, claro está. Y eso tiene que ser nuestro guión para entender que es felicidad.
Comparto con Fradin la idea que las emociones son solo las negativas. Mejor sería llamarlas incomodas ya que tienen como unico objetivo moverte desde un estado de malestar a uno de bienestar. Las así dichas emociones positivas serían más bien mensajes de confortaciòn, señales de que ese movimiento se ha concluido de la manera más útil para el individuo.

De aquí, no se puede confundir la felicidad con la alegria. Esa es el estado de ánimo que surge despues de haber sobrepasado el peligro que activa rabia o miedo o el estado de perdida que genera tristeza.
Igualmente, no confundamos el placer con la satisfacción de la descarga de la tensión.
El placer del cuerpo, trascendido hasta el éxtasis que !sí pasa en él!, no es mera satisfacción, sino realización de su intrinseca naturaleza, es decir le da sentido. Así mismo la felicidad es la tendencia misma del ser, más allá del cuerpo pero a través y con él. Es la realización “de lo que se es” acorde con los valores que dan sentido a la vida.

Nietzsche claramente identificó este como el gran objetivo, pero en “Cómo se llega a ser como se es” lo define como inalcanzable, ya que cada vez las condiciones cambian y tenemos que re-inventarnos (“Nietzsche: La verdad es mujer” de Susana Münnich). Puedo compartir esta creencia.
Por la misma razón entiendo que muchos de mis colegas consideren objetivo del proceso de coaching, no tanto el bienestar del cliente, sino el desarrollo de dos ‘meta-habilidades’ fundamentales para la gestión del cambio personal.
Se trata para empezar de la presencia, o actitud meditativa, que pone en contacto el individuo con sus verdaderos anhelos. Se trata en último termino de desarrollar la capacidad heroica á la Joseph Cambell de conectar con su propia sombra.
Luego está la conciencia. Es el testigo interior que mira a los deseos de la sombra desde la distancia. Un alto nivel de consciencia permite de ir más allá hacia aquel entendimiento en que uno trasciende la naturaleza emocional del ego, reconociendose como expresión del Todo, íntimamente comprendendo que eso es “lo que uno es”.

Dicho esto, lo que propongo es un lugar desde alternstivo desde el cual hacer el proceso de coaching y que pasa, primero, por resolver los dos malentendidos: precisamente que la felicidad sea la beatitud celeste y/o la alegría.
Ambas ideas terminan con quitar energia vital. ¿Para qué perseguir los valores de la vida, si el bienestar no está aquí y ahora, sino despues de la muerte? Si me quedo en la vida es solo porque tengo que ganarme la eternidad, haciendo el bien a pesar de lo que deseo. En el mejor de los casos, creo que soy feliz por haber introyectado tan profundamente estos valores que los percibos como si fuesen míos. Quiero aclarar que considero estos valores positivos siempre y ciando no sean imposiciones; me inspiran los grandes místicos, como Francisco de Asis o Teresa de Avila, que nunca han hecho misterio de su “noche obscura”.
El segundo malentendido, la alegria como sinonimo de felicidad, conlleva por su parte un profundo pesimismo. La alegría no solo es momentanea (esta sola comprensión conlleva una inevitable tristeza), tambien depende de factores externos incontrolables (de aqui, inevitable el miedo a la incertidumbre o la rabia hacia quien no me da la alegria que deseo). Es más, desde el punto de vista de la persona que sufre y que no se da cuenta de que la felicidad no es incompatible con el dolor, se desarrolla un intimo odio a la vida: la creencia se podria expresar con «pudiese yo morir, en vez de sufrir tanto, …pero la vida me empuja a quedarme aquí» .
Se trata de una idea que además el pensamiento sistemico puede llevar a fomentar. Si interpretamos nuestra existencia como un servicio a la Vida (con la v mayúscula), o sea para que la familia, la nación, …hasta la humanidad perduren y consigan sus objetivos, ¡qué fácil confundir esta misma existencia como una esclavitud!.

“Los tristes tienen dos motivos para estarlo.”
Albert Camus

Propongo entonces este objetivo para el coaching: desarrollar la atracción hacia la vida a través del profundo entendimiento que la felicidad es el camino hacia la realización.
Se trata entonces de empezar por las fases del ‘quiero’, para luego trabajar el ‘merecer’ y el ‘poder’… ¿qué? Ser felices. Se trata sí de facilitar el desarrollo de presencia y conciencia, pero empezando por generar vitalidad.
Me inspiran en este sentido muchos terapeutas alternativos que empiezan por el amor a uno mismo (se vea mi articulo anterior, en inglés, aquí)

Llegado allí, al profundo deseo de vivir, el individuo puede trascender. Siempre y cuando también haya conseguido el necesario nivel de presencia y luego conciencia. Permitiéndose la felicidad como objetivo, y persiguiéndola desde la perspectiva individual, inevitablemente descubrirá que, como ya decía Nishiren, «felicidad es felicidad con los demás» y integrar el «yo soy yo» de Perls en el «yo soy tú» de Thay Nath Hahn. Por esta via, hasta las peores y horrorosas obsesiones escondidas en la sombra, aceptadas y trabajadas, pueden convertirse en una via maestra hacia la Vida. Se dan casos de terapeutas que curan con la técnicas con la que fueron torturados, anorexicas que dan de comer a los indigentes, maltratadores que enseñan inteligencia emocional… Cuando eso pasa, esta vez sí, literalmente, se alegra el Alma.

“He cometido el peor de los pecados 
que un hombre puede cometer.
No he sido feliz.”
Jorge Luis Borges
 
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