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VIDA, PRESENCIA, RELACIÓN

Cada vez que pueda, me excluyo de la lucha para el poder, que se da en poseer la supuesto exceso, sea económico, sea físico, sea ético.

Solo estoy interesado en la relación en el aquí-ahora, concluida la cual no tengo otra motivación. En el contacto auténtico, cada exceso ya habrá sido intercambiado con reciprocidad. Propiedad, amor o razón te vienen dadas, en la espera que tú me los devuelvas con equilibrio, en una danza que se da tan solo para permitir la relación.

¿Qué otra motiv-acción se puede tener más allá de la relación? Si no se da de esta, yo tampoco estoy siendo. Eso no porque “si no me percibes tú, yo no existo”, sino porque no existo si no en el mundo, que por definición me transciende en el contacto con el otro.

De aquí el sentido de la presencia, condición o inclusive sinonimo de vida. 

Bebo con presencia este vino porque es vivir la vida con plenitud. Poco importa si habré conseguido ser tan zen de entrar en relación con algo insípido que, aún así, estimula mis sentidos, o algo más dulce.
De la misma manera, algo es disfrutar de un bien raro, otra es “divertir el ego” ostentando un símbolo, que es como tener la ilusión de que la relación se dé no en el contacto, sino soltanto en la convivencia en el espacio simbólico. En esta lógica un Vega-Sicilia, una Bentley e inclusive un cuerpo atractivo son objetos enseñados y no vehículos de la vivencia relacional, exhibidos como pruebas (ilusoria) de la reciprocidad que se limita a estar en el mismo contexto simbolico di altri membri della community.
Ilusión, en tanto que apartada del cuerpo, y por lo tanto también ilusión de poder: ¿qué poder sería si no mueve cuerpos?

Máxima ilusión por lo tanto la de creer que la Red sea instrumento que extiende mi cuerpo a la totalidad del mundo. Ilusión letal cuando riduce mi presencia al rincón muy reducido en que se encuentra el terminal, en un tiempo indefinido, así reduciando no solo la extension de mi expacio real, sino también la del desplegarse de mi tiempo de la vida, para el cual “ser humano” es a-con-tecer, es decir darse en relación, no acceptando de adaptarse pasivamente al mundo con acciones repetitivas, sino intervenir fisicamente y con-struir un a-venir.

Bebo con presencia, entonces. Y quizás me permitiré abusar de este vino, para – paradójicamente, estar un poco meno presente a migo mismo si esto me abrirá más a la relación con el otro siendo identificado como parte de un grupo que solo entiende el código de ambivalencia contención/transgresión. Código puramente metafisico ya que el cuerpo no conoce polaridad. Código ideal por así decir, siendo sin sentido (dirección) con respeto a la presencia.
De hecho, si no se da vida sin relación, tampoco se da relación si no nos entregamos a la incertidumbre “al cuadrado” del encuentro intersubjetivo.

Resistencia más sintomática es quizás la vergüenza.
La vergüenza o quita el cuepo del intercambio o reduce la cantidad de presencia quitando del intercambio la (considerable, en tanto que conectada en manera relevante con la identidad) parte juzgada.

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¿Y SI EL CUERPO FUERA MÀS INTELIGENTE QUE EL CEREBRO?

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di Paolo Petrucci
Formador  y terapeuta experto en reeducación física y postural, practica de relajación y conciencia del cuerpo en Aiteas – Barcelona.

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El cuerpo humano es una máquina fantástica, que consta de varios sistemas cuyo rendimiento es muy bien coordinado y supervisado ​​por nuestro cerebro. El mismo cerebro que puede tener una gran iluminación, grandes mentes que llevan el hombre a la plena afirmación y a alcanzar un equilibrio mental sólido.

Por otro lado, también se encuentran limitaciones que nos imponemos, a menudo, y que nos conducen hacia un estados de ánimo tan bajo como para lograr una auto-destrucción total y consciente.

Alguien se ha preguntado por lo menos una vez en su vida (y si no lo ha hecho esta podría ser una oportunidad para la reflexión ) la razón por la cual, esta máquina llamada el cuerpo humano, no ha logrado desarrollar un sistema para apagar el cerebro. Una especie de ”interruptor de cerebros“, que se pudiera utilizar cada vez que la razón explota, la ansiedad nos devora, y el estrés hace que nos hundimos en un estado de constante ansiedad y inquietud persistente.

La ansiedad y el estrés son reacciones normales de nuestro organismo. Pero si en nuestra vida cotidiana se presentan de forma excesiva, pueden afectar el bienestar mental, causando insomnio, fatiga y dolores musculares, hasta llegar a la depresión y ataques de pánico en los casos más graves
También pueden afectar a nuestro rendimiento en aquellas situaciones en que se requiere  concentración ( por ejemplo, en el trabajo o durante un examen ).
Entonces, si nuestro cerebro no puede ser apagado, ¿cómo podemos intervenir?

Uno de los primeros pasos, diría fundamental, es  tomar conciencia del propio cuerpo.

Ser consciente del propio cuerpo, significa en primer lugar ser capaz de escucharlo .
La respiración (además de ser una de las funciones vitales de nuestro cuerpo , a través del cual proporcionan el oxígeno esencial para la supervivencia y la reproducción de las células, contribuye al mantenimiento de la homeostasis ) tiene una función primaria estrechamente relacionada con la relajación .
Pongámonos cómodos: acostarse en decúbito supino en el suelo, cerrar los ojos y comenzar a respirar.
Incluso si los pensamientos seguirán a navegar en nuestras mentes, que se vayan libremente ( sin tratar de detenerlos o mantenerlos en vano ). Nos centramos nuestra atención en las sensaciones y en el cuerpo en sí. .

Cuando estás ansioso tiendes a respirar con la parte superior del pecho, aumentando el ritmo respiratorio y causando un estado de hiperventilación en el cuerpo y por lo tanto   disminuye la oxigenación en la sangre, este último es responsable de la mayoría de los síntomas fisiológicos y de las sensaciones desagradables que se perciben en un estado de ansiedad. Es útil aprender a practicar la respiración diafragmática, de la zona baja del pecho o de la parte abdominal. De esta manera se estabiliza el ritmo respiratorio y se mejora la oxigenación de la sangre, permitiendo así que tu cuerpo se equilibre y relaje. En consecuencia, también lograremos una disminución en la frecuencia cardíaca y respiratoria y una reducción en la tensión muscular generalizada.

Relajarse significa escuchar  y  ver tu cuerpo desde dentro, escuchar sus necesidades y aprender su idioma.

Nuestro cuerpo tiene una sensibilidad extraordinaria, mucho más rica y extensa de lo que podemos imaginar, que nos permite percibir muchas cosas en todos momentos. Pero nuestra mente, siempre ocupada en pensar, interpretar, juzgar y buscar explicaciones, no está disponible para acoger y escuchar a esta increíble variedad de sentimientos y informaciones.

Cuando nuestra mente está llena de pensamientos solo percibirá a sí misma, escuchar el cuerpo escuchando el mismo espacio, con el cuerpo. La intensidad de nuestros pensamientos es a menudo tan alta como para que sea imposible escuchar en silencio y sin expectativas, con la plenitud de nuestro ser.

Si somos capaces de salir de la parte mental y vivimos las sensaciones, podemos alcanzar la libertad de nuestro cuerpo.

TU CUERPO TIENE RAZON. Y A VECES LA RAZON NO LO ENTIENDE.

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de Paolo Iudicone

«No menosprecies a tu cuerpo, porque el alma está a salvo en el cuerpo como en el Reino de los Cielos». 
Matilde de Magdeburgo

Casi 800 años han pasado desde que Santa Matilde pronunciara esta maravillosa frase.
Mientras tanto, la humanidad ha pasado por la incomodidad hacia el cuerpo expresada por Agustín y la humillación que se le impuso por la Reforma y, en particular, por el calvinismo – según el cual, el camino de la salvación  viene necesariamente del no “obedecerse a si mismos” (sibi ipsis obtemperant). Las teorías posteriores han exacerbado esta tendencia a no confiar en el cuerpo, que llega a la definición misma del hombre como un ser solo pensante del “cogito ergo sum” cartesiano en la base del Iluminismo y la Revolución Industrial.

No juzgamos la utilidad o la necesidad de este paso, pero, afortunadamente, hoy en día nos sentimos felices de ver que – sobre todo con el coaching – los expertos están convencidos de que el cambio para mejor no se logra a través del conocimiento y la información sino trabajando en las creencias, es decir allí donde la “sabiduría de la mente inconsciente contacta con la conciencia y se pasa del conocer al creer” (Alex Lickerman).

Padre de este retorno al cuerpo probablemente fue un discípulo de Carl Rogers, Eugene T. Gendlin [1] , que demostró a través de su investigación en la Universidad de Chicago, que remonta a hace 40 años, que la diferencia entre un tratamiento eficaz y uno que tarda años para tener éxito está en la capacidad del propio paciente de contactar con su propio mundo interior, o mejor dicho con la serie de juicios limitantes sistemática y “paranoicamente” emitidos por la conciencia, cuyo único objetivo real es la supervivencia del cuerpo.

Programación neurolingüística, técnicas neuromusculares, tapping, son algunas de las muchas herramientas de coaching y la psicoterapia que “bordean” la consciencia para cambiar el comportamiento directamente en la mente inconsciente y que han logrado acortar considerablemente la duración de los procesos de coaching y las psicoterapias.

Como pasa a menudo, la neurociencia moderna nos ayuda a racionalizar este tema y demuestra cómo los eventos gestionados a nivel de bioenergética tienen un sustrato también bioquímico. Candace Pert, en particular, señala en primer lugar que, dada la ramificación del sistema nervioso central y periférico, aislar el cerebro de una manera clara es difícil, y también es engañoso, ya que, a través de los neuropéptidos, no solo el cerebro comunica con el cuerpo, sino también el cuerpo con el cerebro, y lo uno y lo otro se influencian mutuamente.

Y es en este espíritu que nuestros expertos nos invitan a releer la historia de nuestras enfermedades (aquí se puede encontrar el artículo de Paloma Sampayo) como un mensaje importante, casi un grito del cuerpo, a fin de “apagar” la mente consciente a través de prácticas de meditación y enfoque (aquí se puede encontrar el artículo de Paolo Petrucci).

Por mi parte, la invitación a todos a practicar mindfulness, yoga, meditación, reiki y todas esas terapias o prácticas para el autocuidado que parten de la sabiduría del cuerpo.


[1] Su instituto generosamente proporciona una cantidad de escritos interesantes en https://www.focusing.org/philo.html

OCTUBRE. LA VUELTA A LA RUTINA.

de Sergio Consuegra Gomez
Doctor en ciencias de la actividad física y el deporte

entrenamiento gimnasio vuelta a la rutina @public domain @pixabay

Pasó Septiembre y su periodo de acomodación. Los niños tienen su horario completo en el colegio y los mayores funcionando al 100% en su oficina. Los días son más cortos. Y empiezan los días grises. Atrás quedan las vacaciones. Pero, ¿y nuestros propósitos para el nuevo curso? ¿y nuestra forma física, nuestra salud y ese momento que es sólo para nosotros?

La operación bikini comienza ahora.
Ya estamos en Octubre, ya no hay excusas para no entrenar, ni siquiera para los más rezagados y perezosos.

La vuelta (o el inicio) al entrenamiento es un tema delicado y que conlleva un peligro inherente.

Nos fuimos del gimnasio meses atrás levantando muchos kilos, corriendo como campeones y aguantando sin problemas 1h de clase de cycle y otra del tirón. Pero ¿y ahora qué? ¿Puedo seguir entrenando así hoy?

La respuesta es ambigua pero a la vez debe ser contundente. Sí, pero no. Quizás pueda, pero no debo.

A nivel fisiológico y neurofisiológico apenas hemos evolucionado algo desde que el homo sapiens corría y luchaba para cazar ese mamut y poder comer y subsistir. Y es que estamos hechos para eso, no para estar sentados delante del ordenador 8h al día.  Al caso. El cuerpo no distingue si estás corriendo para batir tu mejor marca personal o si estás corriendo porque te persigue un hambriento T-Rex. Ni si estás haciendo un peso muerto con 180kg o si estás moviendo una piedra que ha atrapado a un compañero de tu tribu. Así que lo más probable es que sí puedas con ese peso. Lo más probable es que corras cerca de tu mejor marca. Maravillosa adrenalina. Pero ya lo pagarás.

Es más importante salvar la vida que una rotura en el bíceps femoral, o incluso una vez puesto a salvo de aquel T-Rex sufrir un pequeño infarto. O unas simples agujetas de esas que estás una semana sin moverte. Son consecuencias extremas, sí, y que muy probablemente nunca te ocurran. Pero sí, por poder, puedes.

Por tanto… ¿Cómo volver a empezar?

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Nivel principiante

El verano y sus excesos vacacionales (o cualquier otra razón) te han hecho darte cuenta de que ya es hora de empezar a cuidarse un poco. ¡Enhorabuena! Ahora, lo más importante es la perseverancia. Para conseguir un cuerpo sano no existen atajos. Y sé que es difícil no sucumbir al cansancio producido por el estrés laboral y ante las odiosas agujetas.
Para que todo sea más fácil, no vayas más de 2 veces por semana al gym durante los 2 primeros meses.
Olvídate de correr 1h seguida. Ya habrá tiempo para eso. Uno de esos 2 días realiza una clase colectiva.
El monitor ya sabe que estamos empezando la temporada y modulará la intensidad y el volumen de la carga para ti. El otro día trabaja en la sala de fitness.
Durante las primeras 4 semanas deberás centrarte en el trabajo de centro, del tronco, y de ahí evolucionar hacia las extremidades. Comienza fortaleciendo tus abdominales para proteger y descargar la zona lumbar. Realiza ejercicios que impliquen grandes grupos musculares y olvídate de los analíticos: dominadas, sentadillas, press de pecho, zancadas…
Entrena en circuito, utilizando cargas que te permitan realizar 15 repeticiones por ejercicio, y no hagas más de 6 ejercicios. No necesitas más descanso que el tiempo que tardas en ir de uno a otro. Da 3 vueltas al circuito, estira y vete a casa a descansar.

Quizás te parezca poco, pero durante esta fase tienes que quedarte con ganas de volver al gym.

Además, deberás cambiar tus hábitos del día a día. En el gym pasas un par de horas a la semana. Hay 166 horas en las que estás fuera del gym. Y obviamente, todo lo que hagas en esas horas tendrá más peso en tu salud que las 2 horas del gym. Si puedes, sube las escaleras de 2 en 2. Deja el coche en casa siempre que no sea inevitable. Vigila lo que comes. Y lo que picas. Haz 5 comidas. Y olvídate de las bebidas carbonatadas. 200kcal de un zumo de frutas son más sanas que zero de una bebida industrial.

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Nivel intermedio

Si quieres subir o quieres empezar directamente con el siguiente escalón, aunque terminaras la puesta a punto para la playa entrenando 5 días por semana, no empieces con más de 3 veces por semana. No olvides que, al fin y al cabo, el ejercicio es un estrés para tu organismo, y bastante estrés hay ahora con la vuelta a la rutina.
Tómate tu tiempo para adaptarte. Durante el primer mes entrena con una rutina de musculación dividida en 3 partes: pecho + bíceps, espalda + tríceps y hombro + pierna. No te saltes la pierna, por que los músculos grandes generan más efecto metabólico. Trabaja en series más o menos largas, de entre 12 y 15 repeticiones. En cuanto al volumen, no realices más de 12 series por grupo muscular. Repártelo entre 3 ó 4 ejercicios.
Añade el cardio antes y después de entrenar. Realiza un calentamiento aeróbico ligero de entre 15 y 20 minutos de duración y al terminar el entrenamiento de fuerza realiza otros 15 a 20 minutos de cardio algo más fuerte. Adquiere la capacidad de tolerar esfuerzos.

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Nivel avanzado

Este es para los que ya es un estilo de vida, el nivel al que deberíamos llegar todos. Mucho cuidado con la vuelta al entrenamiento. Si eres así, tú especialmente tienes que poner una mayor atención.
Llevas muchos kilos levantados durante mucho tiempo, pero la inactividad de las vacaciones afecta a todos por igual. El principal problema radica en la diferente pérdida de adaptación que sufren las estructuras. El músculo va a poder tolerar la carga, pero no el tendón. Específicamente, la unión músculo-tendón y la unión tendón-hueso. Aquí es donde pueden venir los problemas. Y lo peor es que, a no ser que hagas una auténtica locura y te rompas por completo, no te darás cuenta de que no has realizado una adaptación adecuada hasta mediados de temporada. Empezará un dolor raro por aquí, una molestia por allá, que no sabes de qué viene y que, como empieza leve, no harás caso al principio, seguirás entrenando y se cronificará. Mal asunto. Te hará parar en mitad de la temporada.
Comienza las 2 primeras semanas entrenando un máximo de 4 días por semana, y nunca más de 2 días consecutivos. Ve a 10 repeticiones, con no más del 75% de tu 1RM (la carga máxima, la que puedes hacer una vez y despues de la cual no puedes hacer más).
Y no hagas más de 15 series por grupo muscular.
Y recuerda, aún es pronto para empezar con la suplementación.

Recuerda que una correcta adaptación inicial es una garantía de poder alcanzar la mejor versión de ti mismo al final de la temporada.

Enjoy!